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Jueves, 21 Enero 2016 17:44

Responsabilidad en el juego: "el fraude en las apuestas"

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El fraude en las apuestas

fuente: expansion.com

No puede cuestionarse la legalidad del juego, ni de las apuestas deportivas ya que la acción de apostar reglada es uno de los principales mecanismos que reducen las zonas grises o ilegales de esta actividad económica.

La universalidad de la corrupción es patente allá dónde mires. Muchos la califican como “cáncer social” presente durante toda la historia, lugares y sistemas políticos, y que afecta tanto al sector público como al sector privado. No hay individuo corrupto sin corruptor y viceversa; ambos son cooperadores necesarios.

Permanece en el tiempo -e incluso se expande- por diferentes causas: sociológicas, culturales, económicas y de otro tipo. Inevitablemente, siempre está presente en la naturaleza humana, que es desviada o abusiva en determinadas actuaciones, y posibilita alcanzar metas o cotas de poder que, de otra manera, serían más complicado o casi imposible lograrlas. La corrupción usa diversos mecanismos o procedimientos para facilitar y acelerar un objetivo, generalmente económico y, en ocasiones, ni siquiera previsto en los planes iniciales y que aparece ad hoc por intereses torticeros. Así, la corrupción o el fraude están presentes en áreas tan alejadas como, por ejemplo, la contratación pública, las relaciones laborales, la consecución de determinados fines empresariales o en los concursos y competiciones con el fin de amañar sus previsibles resultados, alterando los méritos y multiplicando los beneficios de algunas de las partes.

La corrupción provoca desconfianza en el sistema político, en sus dirigentes, en las instituciones públicas y en las entidades privadas. Genera inestabilidad política y social. La infinidad de normas, nacionales e internacionales, unilaterales y multilaterales que la persiguen, reflejan la preocupante realidad del problema y parecen no ser suficientes ante lo que supone una crisis de valores (legitimidad) y un crecimiento exponencial de actuaciones fraudulentas (ilegalidad).

Juego limpio
En los últimos años está aflorando la percepción de corrupción en la competición deportiva y en todo lo que ésta conlleva. Se menosprecia el juego limpio y los valores inherentes al deporte. La Red, la globalización y la facilidad de conexión, benefician las actuaciones irregulares e ilícitas por parte de los grupos de delincuencia organizada. Éstos han encontrado un nicho en la miseria y avaricia humana, incitando a la sociedad a fortalecer el control y a elevar, urgentemente, los niveles de integridad y transparencia que eviten la opacidad de las competiciones y la consiguiente desnaturalización de las apuestas.

 

Los beneficios que produce el acto ilegal, no pueden afectar o impedir la actividad legal en sí misma, sino que es necesario identificar el fraude y sancionarlo de manera contundente. Debe perseguirse y erradicarse la acción fraudulenta, pero no prohibir ni estigmatizar la actividad. Nadie propondría prescindir de la actividad pública, aunque muchas veces sea nada ejemplarizante y cuna de la lucha de intereses, de innumerables y cuestionables acciones, de multitud de abusos de poder y de abultadas carteras inexplicables a lo largo de todos los tiempos. Esta opción nunca se ha barajado pero, por supuesto, sí la sanción jurídica de lo que socialmente repugna. La supresión no es la solución.

En el deporte se necesita generar y afianzar la cultura y los valores que impidan “cebar” a deportistas para “alimentarse” de manera ilegítima. Aunque existen múltiples ejemplos, el entorno futbolístico es el paradigma en cuanto a la emoción de las apuestas. En este juego siempre existen ganadores y perdedores y, quienes forman parte de la propuesta ilegal, no solamente se benefician económicamente, sino que también alteran la sana competición, ensuciando la actividad reglada y a los diferentes actores que, de manera íntegra y transparente, giran empresarialmente en torno al deporte.

No puede cuestionarse la legalidad del juego, ni de las apuestas deportivas ya que, la acción de apostar reglada, es uno de los principales mecanismos que reducen las zonas grises o ilegales de esta actividad económica. No pueden generarse incentivos a estas actuaciones mediante la impunidad de un fraude deportivo y de un delito de estafa, siendo el primero un medio para cometer el segundo. Por tanto, la cultura de la legalidad, la cooperación internacional, la coordinación, la educación en valores de juego limpio y un sistema de sanciones efectivo, acorde a la gravedad del comportamiento que fortalezca la seguridad jurídica, son los medios con los que los agentes implicados cuentan ante actuaciones fraudulentas que nos perjudican a todos y que deben eliminarse o minorarse al extremo.

Ante las acusaciones dispersas y sin sentido que se formulan sobre las empresas intermediarias de apuestas, éstas son las principales interesadas en colaborar, investigar y perseguir la externalidad “tramposa”. Ésta, altera la emoción que aporta el arriesgar una cantidad, con fines puros de entretenimiento y anhelo sano de enriquecimiento inmediato, ante un determinado acontecimiento o resultado.

Un juego responsable incluye valores éticos y el respeto a la ley, la transparencia en las actuaciones y la profesionalidad en la gestión, aprovechando las oportunidades de control que aporta la innovación tecnológica, teniendo permanentemente en cuenta al cliente y al interés general. Todas estas características están presentes en el conjunto de la industria del juego, y no puede menospreciarse gratuitamente su voluntad colectiva responsable ante actuaciones que atentan contra su esencia cultural, social y económica: el ocio y el entretenimiento.

La culpa no es de las apuestas ni de las empresas, sino de la vileza de algunos individuos, como también ocurre, por desgracia, en otros ámbitos. Sólo hace falta evitar una metástasis de mensajes fraudulenta que afecta a una industria responsable.

Last modified on Jueves, 21 Enero 2016 17:54