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Lunes, 20 Diciembre 2010 22:30

Tengo 35 años, estoy casado, tengo una niña de 3 años y soy ludópata Featured

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Analizando mi vida, me doy cuenta que el juego siempre ha estado presente en mi vida. Ya de pequeños (6 años), me jugaba la propina de mi abuela (5 duros) a cara o cruz hachón mi hermano mayor.

Hola me llamo Jesús, tengo 35 años, estoy casado, tengo una niña de 3 años y soy ludópata; llevo 25 meses en la asociación. Así nos presentamos en terapia.

 

Analizando mi vida, me doy cuenta que el juego siempre ha estado presente en mi vida. Ya de pequeños (6 años), me jugaba la propina de mi abuela (5 duros) a cara o cruz hachón mi hermano mayor.

Después, como cualquier otro niño, jugué a las canicas, chapas o estampas, pero en mi caso, siempre tenía la necesidad de ganar, pero no sólo de ganar, sino de machacar al contrario. De esta forma, corría unos riesgos muy elevados y como no puede ser de otra manera, perdía.

Al llegar a la adolescencia, comencé a manejar el dinero de las propinas que mis padres me daba; en esta época inicié mis primero contactos con pequeñas máquinas tragaperras y con las cartas (el 9, rabino, guiñote, 7 y ½, escoba…etc.). Jugaba al principio con compañeros del instituto, pero como no manejaban mucho dinero, enseguida pasé a jugar partidas con gente que por edad podían ser mi padre o mi abuelo. Cuando ganaba, solía hacer regalos a mis amigos, novia o simplemente guardaba el dinero para la próxima partida y cuando perdía, me fastidiaba y esperaba a la propina de la siguiente semana.

Más adelante empecé a trabajar y los ingresos aumentaron y con ellos los juegos subieron de nivel; las máquinas tragaperras ya no me atraían y las apuestas se iban incrementando. Mi objetivo no era pasar mucho tiempo jugando; yo quería la inmediatez del premio para después proseguir con mi “maravillosa vida”, siendo un novio, un amigo, hermano e hijo ejemplar.

De esta forma, me aficioné al bingo. A todo esto, ni en casa ni en mi entorno, decía nada; estoy seguro que se darían cuenta, porque verdaderamente el juego te puede y aunque intentas controlar los horarios y las excusas, siempre hay casualidades que te ponen en evidencia.

Un día, comiendo en casa, mi hermano mayor contó que el día anterior había estado en el casino Montesblancos; se me abrieron los ojos como platos y guante los días siguientes, ese fuel el tema de conversación con los 2 o 3 amigos que jugaban conmigo. Así una tarde nos decidimos, cogimos el coche y nos plantamos allí. Era un sitio de lujo como en las películas, con su alfombra roja y crupieres con esmoquin. Perdimos el dinero que llevábamos, pero aquella atmósfera nos encantó. Como el casino estaba muy lejos (Alfajarín), sólo íbamos esporádicamente, así que las perdidas no eran muy altas.

En mi ignorancia, pensaba que perdía por que llevaba poco dinero y que si llevaba mucho, seguro que en algún momento la suerte me sonreiría.

De esta manera, un amigo y yo pedimos mi primer crédito (250.000 pesetas cada uno) con la excusa de comprarnos unos ordenadores (que caras me salieron las computadoras). Por supuesto, el dinero se fue y la cuta mensual se quedó conmigo. En ese tiempo el casino cerró y durante 2 o 3 años, mi vida fue algo más tranquila, aunque el juego seguía estando en mi cabeza. En estos años, me casé y me compré piso, pero cosas de la vida, el casino no sólo volvió a abrir, sino que lo hizo en Zaragoza. LA TENTACIÓN ERA MUY FUERTE.

Comencé a jugar y jugar y comenzaron de nuevo las mentiras, y ocultaciones a todo el mundo. Cuando ya no tenía de dónde sacar dinero, lo conté a mi familia. La cantidad gastada era muy alta; me autoprohibí la entrada a bingos y casinos, dejé de jugar, pero creía que no necesitaba ayuda.

Durante poco más de 1 año estuve sin jugar; en ese tiempo nació Patricia ( mi niña pequeña, que es un sol y la fuerza que me ayuda a seguir), por un día me quité la autoprohibición y probé a ve si podía ser un jugador social: por supuesto, no lo logré y me volvía a endeudar de nuevo.

Esta última vez mi familia me obligó a recibir ayuda y en marzo del 2008 comencé mi tratamiento en AZAJER.

Llevo 25 meses y estoy rehabilitado. En este tiempo me he dado cuenta de muchas cosas; por supuesto que llevo 25 meses sin jugar, pero eso no es lo más importante

Last modified on Miércoles, 18 Abril 2012 08:57