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Viernes, 25 Febrero 2011 08:46

Mirando al futuro

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Testimonio de Sofía, pareja de un ludópata en tratamiento en Azajer. Sofía acude a las terapias para familiares y ha descubierto que el problema de su pareja era también el suyo.

En la ludopatía todo el entorno es responsable, no hay culpables ni víctimas.

Llegué a Azajer con la firme convicción que yo no tenía nada que cambiar. Era mi pareja  el que necesitaba con urgencia el tratamiento, de Azajer, para dejar de jugar: “Yo era una víctima”.¡Qué gran error!. Afortunadamente para mí las terapias han sido un espacio en el que he tenido la oportunidad de conocerme, mejor, a mí misma.


No sé en qué momento comenzó nuestra ruptura, nuestra incomunicación, nuestra desconfianza,… No podía saberlo, puesto que yo no quería ser consciente de ello. Para mí, en lugar de afrontar, era más fácil disimular, justificar, aparentar, dar esa imagen que yo deseaba transmitir.
Llega un momento que ya no puedes más y tienes que enfrentarte a la cruda realidad. Entonces el mundo te cae encima, te hundes en el abismo, ya lo ves todo perdido.
Afortunadamente la familia y especialmente nuestros hijos, han sido una gran ayuda para nosotros, así como un gran apoyo y estímulo. Nunca tomaron partido por uno o por otro. Los amigos incondicionales siguen estando a tu lado. Nosotros nos queremos y sabemos que vale la pena intentarlo. No ha sido un camino fácil,  pero es un trayecto que decidimos recorrerlo juntos, de la mano.
Desde el principio he acudido a las terapias sabiendo que son para mí y por mí. A lo largo del tratamiento se pasa por muchas fases y no todas fáciles. No tardé mucho en entender que yo era corresponsable de la situación que vivíamos, que no podíamos abandonar hasta llegar a la meta, que aunque mi pareja quisiera dejarlo, yo no podía dejarme convencer, ni manipular. Era la última oportunidad, o seguíamos hasta el final o cada uno tomaba caminos separados.
Al principio a mi pareja le costó entender que su ludopatía era una enfermedad y no un vicio. Salía muy malhumorado de las terapias, lo que nos daba pie a continuar hablando de nosotros, aunque a veces discutiendo. A los pocos meses me planteó que quería abandonar la terapia, yo le manifesté que había decidido seguir el tratamiento hasta el final. Fue una etapa de incertidumbre, pero no intenté convencerlo. Poco a poco y sin darse cuenta se fue implicando y las vivió con intensidad.
Son muchas terapias a las que he asistido. He ido descubriendo sensaciones y sentimientos de gratitud, confianza, seguridad,… Desde que entras por la puerta de la asociación, te vas encontrando con personas luchadoras, valientes, profesionales y comprometidas. También, en algún momento odiadas, porque te dicen lo que no quieres oír, porque te provocan que hurgues en lo más profundo de ti misma para que saques todas las vivencias que quieres guardar por miedo a hacerlas conscientes, porque siempre acabas oyendo: ¿Y por qué …..?. Piénsalo
No puedo dejar de mencionar al grupo, mi grupo. Me he sentido en todo momento parte de él. Estoy completamente convencida que el grupo y en grupo son la clave de nuestra rehabilitación. He sentido el vínculo afectivo que se ha ido forjando a lo largo de los días, compartiendo “TODO”. Me he sentido apoyada, comprendida, valorada y, además, querida.
Ha sido un largo camino recorrido, no por el tiempo, sino por la intensidad, pero ha valido la pena. Es como si nuestra vida tuviera un antes y un después. Seguimos teniendo desacuerdos, conflictos, problemas, pero los afrontamos. La vida sigue, pero no seguimos disimulando.

 

Last modified on Lunes, 30 Abril 2012 09:34