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Viernes, 25 Febrero 2011 09:05

Doña Chabuca: "Robé 70.000 dólares y los perdí en los casinos"

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Isabel, peruana, de 72 añor, consiguió dejar el juego en Ajuper, asociación de la Red Enlace Ludopatía.

Isabel Ramírez Long (72), doña Chabuca, fue adicta a los tragamonedas durante 12 años. Perteneció a una acomodada familia miraflorina, pero se quedó sin amigos, dinero, parientes y hasta pensó en suicidarse por su terrible vicio. Hoy sufre males incurables debido a sus años de ludópata, pero puede decir con orgullo que se alejó de ese mundo. Pide a jugadores que busquen ayuda.

 


Doña Chabuca, ¿cómo así cae en el vicio de los casinos?
Fui con una amiga al Country Club cuando recién llegaron las máquinas tragamonedas, que trajeron los coreanos por el 91 ó 92. Yo tenía más de 50 años. Descubrí que era una jugadora social, aunque siempre había sentido atracción por el juego, pero sólo "timbeaba" con un grupo de amigas para reírnos. Desde chica era arriesgada y empecé a verlo como un reto. Esta amiga que me llevó, era compañera de colegio y vive en el extranjero en una excelente situación económica. Me decía cuando venía a Lima, que había ganado en la ruleta y el viaje le salió gratis. La escuchaba, pero no me llamaba la atención hasta que fui. Al día siguiente volví. Al principio, era por diversión.


¿Sólo jugaba al tragamonedas, no había otras cosas?
Una vez participé en la ruleta, aposté cien dólares. Yo no jugaba sólo "al rojo y negro", sino que quería ganar a lo grande. Pienso que la plata me duró 5 minutos, así que nunca más jugué a la ruleta porque en el tragamonedas me duraba mucho más.


¿De dónde sacaba dinero para jugar?
Esta amiga que me llevó tenía una casa que me la dio para que viva con mi hermana, que era mi única familia y también me pidió que le administrara unos alquileres que tenía por mil 100 dólares. Cuando mi plata se comenzó a acabar, empecé a tomar el dinero del alquiler de mi amiga para irme a jugar sin remordimiento. Cuando sus sobrinas se dieron cuenta y me sacaron de la casa, ya me había robado 70 mil dólares, pero ni cuenta me daba.

Pero esta amiga fue también la que la introdujo, de alguna manera, al vicio al llevarla al casino.
No, considero que es uno mismo el que se mete. Al principio ella no quería verme cuando descubrió todo, pero luego me perdonó. Es una gran mujer.


¿Cuántas horas jugaba al día?
Empecé a ir al "Crillón", donde hice un grupo de amigas y era como un club. Íbamos a las 10 de la mañana. A veces, cuando no abría a tiempo, nos desesperábamos. Me quedaba hasta las 6 ó 7 de la noche, lo que me duraba la plata. En ese tiempo jugaba 5 céntimos. Iba casi todos los días, no hacía otra cosa.


¿Por qué seguía apostando, pensaba que iba a recuperar su dinero?
No, era un afán de cierta autodestrucción. Ahora pienso que ganar era mala suerte, porque te inducía a seguir allí sólo por el placer de jugar, no por dinero.


¿Empezó a pedir prestado?
Cuando cerró el "Crillón" empecé a ir al "Sheraton", pero más me gustaba ir a "La Colmena" porque ahí era amiga de los cambistas de dólares y ellos me prestaban dinero. Había uno muy bueno, Alfredo, que hasta ahora me ayuda. No le gustaba que yo juegue. Me decía que me prestaba sólo si era para mis medicinas, pero a los otros no les importaba. Les llevaba de regalo los cigarros que me daban en las salas de juego, porque yo no fumaba.


Uno empieza a perder los valores, ¿no?
Yo tenía una crianza religiosa del colegio de madres "Reparación", en Miraflores, y mis padres me inculcaron sólidos valores. Tenía la virtud de no mentir nunca, pero la perdí porque la mentira va de la mano con el ludópata. A mi hermana, que padecía del corazón y tenía que cuidarla, le dije que no jugaba y, cuando salía, me iba a buscar dinero.


¿Era casada?, ¿tenía familia?
Tuve enamorados, pero no resultaron. Sólo tenía a mi hermana que sufría del corazón, pues mis padres ya habían muerto. Ya no tenía edad para pensar en hombres y mis amigas estaban casadas. Llevaba una vida muy solitaria, y también esto es algo parecido a la vida de jugador, porque la ludopatía es como una soledad.


¿Robaba para jugar?
Estuve en casa de unos parientes que me acogieron y ahí vendí sus cosas y no me importaba. Cogí un rifle del padre con balas y todo, y me deshice de él en Ocoña. Me llevaron hasta la comisaría. Ya conocía los sitios dónde negociar. Luego en otra casa a donde me llevaron, no sé cómo saqué a la calle una máquina de coser pesadísima a mis cerca de 60 años y la vendí. Mira, creo que porque ya era vieja, no me prostituí.

¿Sus cosas personales también las vendió por el vicio?
Una vez junté lo mejor de mi ropa y me fui por la avenida Argentina, donde era "La cachina" y me pagaron, creo, 10 soles, que ni me servían para jugar. Me quedé sólo con la cómoda de mi dormitorio y un sillón. Vendí el televisor, electrodomésticos, muebles. Cuando salieron los celulares no me duraban nada, me habré deshecho de unos 10. Ahora, al no vender mi celular, es una prueba de que estoy recuperada.

¿Cuántos años jugó?
Estuve 12 años jugando sin parar. Incluso, cuando empecé a buscar ayuda, seguí jugando seis meses.

¿Pensó en quitarse la vida?
Muy fugazmente, pero lo pensé. Me acordaba de la película "Thelma & Louise", en que unas amigas acorraladas por la policía, se lanzan con su auto a un cañón y se acababa todo. Eso me estaba obsesionando.

¿Cómo salió del vicio?
Al final llegué a casa de mis primas y vieron en la televisión un grupo de ayuda, "Jugadores anónimos", y me llevaron ahí. No quería ir. Los primeros seis meses iba al grupo, pero seguí jugando, pero ya dejé de mentir. Al mes entró la señora Bertha e hicimos mucha amistad y ella formó otro grupo, "Ajuper". Seguimos una terapia española. Pero, lo primero, es tomar la determinación como un juramento. El 5 de marzo del 2004 me dije: "Si yo siempre he sido libre de actuar sin coacción, si decidí dejar el sexo a las 40 años, por qué entonces no puedo dejar de jugar si es algo malo". Dije "no más" y en marzo van a ser cuatro años sin jugar.

¿Sentía vergüenza?
Antes no, no sentía nada. Pero sí pasé vergüenza por todo lo que hice, robar, engañar, eso no te lo quita nadie.

Ha habido casos en que personas han muerto jugando, ¿su salud se vio afectada?
Tengo problemas del corazón, gastritis. Además, sufro de cáncer. Jugaba horas sin moverme, como un robot. Éramos sólo la máquina y yo. En las salas, el ambiente es propicio para que no te des cuenta si es de día o noche, la luz no es natural y no se ve la calle, tampoco hay relojes y siempre se escucha música. Me volví adicta a la Coca-Cola y me mantenía despierta. Así, no iba al baño, he tenido infecciones urinarias y la tensión me dañó el corazón. También padezco de enfisema pulmonar, aunque yo no fumaba, pero era por el humo de los otros jugadores. Incluso, cuando había temblores y hasta apagones, yo ni me movía.

Tiene ya 72 años, ¿no cree que ha desperdiciado su vida?
Esa es una de mis grandes penas. A veces no es la plata, sino el tiempo perdido. No hay que tener vergüenza en pedir ayuda, porque no puede haber más vergüenza de las cosas que uno hizo por ser ludópata.

Entonces, si le regalo ahorita cien dolaritos para que se gaste en lo que quiera.
Me iré a pagar mis cuentas, pero no iría a jugar nada. ja, ja, ja.

Last modified on Viernes, 25 Febrero 2011 09:46