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Jueves, 01 Noviembre 2012 14:04

"He conseguido partir de cero"

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Testimonio de una persona que ha superado su adicción a los juegos 'online', tras recurrir a Azajer y dedicar un "gran esfuerzo personal"

"Empecé muy de niño y, coleccionando cromos, llegué a deber 5 o 6.000 pesetas" Así, sin darse cuenta, comenzó Carlos (nombre ficticio) a incubar su ludopatía, que acabaría por sumergirle en un "mundo horroroso". Con 30 años, "terminé de petar", explica. Con 33, sin embargo, dice sentirse ahora "muy bien, muy feliz y muy orgulloso" de sí mismo. Está a punto de saldar la última deuda contraída por culpa de su adicción al juego 'online'. No solo eso. Ha logrado, con la ayuda de Azajer, emprender una nueva vida, con su mujer y su familia. Como dice él, ha conseguido "partir otra vez desde cero".

"Desde siempre me gustó jugar, me divertía", cuenta Carlos. "Primero, con las máquinas, luego yendo al casino", prosigue. "Pero, para que la gente no me relacionase con el juego y mi famillia no acabara sabiendo a qué me dedicaba, dejé de ir. Y, claro, la mejor forma de seguir fue por ordenador", relata. Y añade que el proceso es muy sencillo. "Te creas una cuenta, empiezas con apuestas deportivas, en el fútbol, el tenis, incluso el béisbol... y llegó un momento en el que me daba igual lo que fuera y apostaba desde que me levantaba hasta que me acostaba, a las cuatro o las cinco de la madrugada".

Carlos, autónomo desde los 18 años, tenía una empresa. Y, pese a dormir muy pocas horas por su adicción al juego, se levantaba pronto para acudir al trabajo. Pero "en la oficina seguía jugando", detalla. Y en casa. Creía que sus padres, con quienes vivía, no se daban cuenta, pero luego supo que llegaron a instalarle un programa en el ordenador para saber lo que hacía tantas horas encerrado en su cuarto. Mientras, él estaba convencido de que "era feliz".

Las deudas --"mucho dinero", que prefiere no concretar-- las fue "trampeando". De la oficina cogía lo que no era suyo. Y aquello saltó por los aires. "Fue tanto lo que debía, que todo explotó", dice Carlos, que añade que estuvo "a punto de hacer una locura". Para empezar a reparar el roto, sus progenitores le ayudaron a vender una nave y un piso, propiedad de su hijo. Y trató de salir él solo. "Pero apenas duré 72 horas, porque al cuarto día volví a jugar", recuerda.

Y, entonces, se encontró con los profesionales y voluntarios de Azajer, por los que siente devoción. "La última vez que jugué fue una hora antes de bajar a ver al psiquiatra", rememora Carlos, que no vive en Zaragoza. "Y ese día --declara orgulloso-- me prometí a mí mismo que lo poco que me quedaba en una cuenta lo iba a transferir a otra para empezar de cero otra vez". Entonces empezaron las tres sesiones semanales en terapia, que han contribuido a sacarle del pozo.

Echando la vista atrás, Carlos sabe que para dejar la enfermedad, "hacen falta profesionales y mucho esfuerzo personal". Y da otro consejo para quienes se vean retratados en este relato: "decir toda la verdad y no andarse con medias tintas". "En mi caso, todo el mundo lo veía menos yo", apunta. Y acaba con el esperanzador mensaje de que "a nadie le quepa ninguna duda de que se puede salir".

Last modified on Martes, 20 Noviembre 2012 16:36