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Jueves, 10 Marzo 2011 08:17

Ludopatia: una adiccion aceptada

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Carta enviada a un periódico de una persona que hicimos terapia online hace años.

Señor Director:
Motiva la presente el aviso de Casino Club, respecto al juego responsable. Hay una coincidencia total con la promoción: prevenir es mejor que curar. Ahora bien, quiero expresar mi punto de vista, con respecto a la prevención de la ludopatía.

 

Para el común de la gente, quien frecuenta juegos de azar es, simplemente, timbero. Si deja de jugar, ex timbero. Si quien está afectado por esta patología, logra entender que al estar enfermo necesita rehabilitarse, enseñar a educarlo como un jugador en rehabilitación le conlleva una realidad distinta: se reconoce como practicante de juegos de azar y busca su rehabilitación.

Empieza a hacer consciente que esa rehabilitación no tiene final. De ahí que el rehabilitarse es una tarea minuciosa, cotidiana, diaria, presente en cada instante de su vida hasta su muerte. No siente que es ex de nada. La timba no es su pasado: fue su pasado, es su presente y su futuro.

El gran desafío para familiares y profesionales es hacerles entender que deben elaborar su duelo frente al juego de azar; deben psicoeducar su mente para enterrar el deseo de jugar. Aprender a diferenciar que otros pueden jugar es una buena forma de resignarse frente al deseo de jugar: ellos pueden, nosotros no; nosotros somos ludópatas y ellos jugadores sociales.

En mi caso particular, al asistir a la audiencia frente a la jueza Albores (cuando solicité mi autoexclusión al Casino), se planteó la situación de que si el acuerdo a suscribir sería temporal o de por vida; elegí la segunda opción. En una oportunidad, para ayudar a un conocido, llamé al 0800-333-0333 y me expresaron que esa medida es por un período de seis meses; a los seis meses, podía volver a ingresar. La adicción duerme una siesta de seis meses y luego despierta.

Nadie puede negar que en la Santa Rosa de hoy es difícil que alguien no comente: "¿viste a fulano de tal?, está todo el día en los tragamonedas o en la ruleta". Y ese fulano, a quien se señala, ya no es el jugador bohemio de antes, de numerito de quiniela. Puede ser un verdulero, una tía de 60 años, un productor agropecuario, un desocupado, un plan trabajar, un diputado, un taxista etc.

Lo que quiero expresar es que la ludopatía, o enfermedad mental que marca la dependencia psicológica con el juego de azar, no reconoce niveles sociales, culturales, socioeconómicos, etc., y es, lamentablemente una adicción aceptada socialmente, a diferencia de otras adicciones. Entonces, al ser aceptada, parecen inofensiva sus consecuencias, pero no: su práctica permanente con el paso del tiempo nos conduce a cuatro caminos:
1) la cárcel,
2) la locura,
3) el suicidio ó
4) la rehabilitación.

Finalmente, es una adicción invisible. El ludópata emerge cuando está en un estado de desesperación: roba, estafa, se suicida. Quienes lo rodean, generalmente lo advierten en esa etapa, la de la desesperación.

Conclusión: asociar la práctica de juegos de azar de una manera responsable con recuerdos de la infancia me parece, simplemente, un error. Apelar a los "te acordás" de nuestras madres, para recordarnos que prevenir es mejor que curar, y poder jugar en un casino responsablemente es, a mi juicio, tomarnos por estúpidos.

Existen personas que no pueden practicar de forma responsable juegos de azar, tienen lo que se llama un déficit de personalidad. Quien suscribe la presente posee ese déficit, por lo que intenta convivir, en Santa Rosa, con personas que juegan por esparcimiento. Pero el paso del tiempo me ha demostrado que no estoy tan solo. Por eso nosotros, los jugadores de azar en rehabilitación o rehabilitados, tenemos también nuestro día: "29 de octubre, día mundial sin juego de azar". No estamos avergonzados por padecer esa patología, integramos una sociedad con personas que nunca fueron al casino o que juegan "como adultos, divirtiéndonos como cuando éramos chicos".

¿En Santa Rosa, estamos desarrollando algún programa de prevención de la ludopatía? A mi juicio, el programa debería buscar el cambio cognitivo de los santarroseños, de ver al juego de azar y los jugadores, como viciosos, a verlos como lo que son: seres humanos, que han generado una patología, una enfermedad.

Eduardo Luis Decristóforis

Last modified on Martes, 18 Septiembre 2012 10:02