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Miércoles, 10 Diciembre 2014 09:17

He empezado a respetarme a mí misma (Testimonio de la mujer de un jugador)

Written by
autorespeto

En muchas ocasiones Esther nos ha pedido que compartamos nuestros testimonios, y creo que ya me siento preparada para hacerlo con el mío. No quiero daros mi nombre ni el de otras personas porque esto que cuento es algo que va más allá de conocer a quién le ha pasado, y en la experiencia vital de una persona se ven mezcladas otras a las que no les he podido pedir permiso para publicar retazos de su vida.

Escribir esto es casi terapéutico para mí, ya que el tener que ordenar palabras para contarlo, hace que ordene muchas ideas que viajan por mi cabeza y algunas emociones que no siempre ocupan su puesto. El publicarlo es menos para mí y más para las que podáis leerlo y veros identificadas con lo que pongo. Porque ver reflejado en otra persona las propias vivencias ayudan a darles nombre, que no a normalizarlas. Porque si algo he aprendido, es que normalizar las cosas no es bueno. Hay que darles la importancia que tienen.

Mi experiencia es como esposa de un ludópata. Sabía hace mucho tiempo que mi marido jugaba, pero pensaba que era algo “que tenía controlado”. Cuando la situación se hizo más visible acudimos a Azajer. No sé cómo agradecer la acogida que nos dio Esther y fue importante para mí que me insistiera en que también yo tenía que acudir a terapia.

La ludopatía es una adicción. Eso nos lo explican muchas veces. Pero en mi caso, yo no veía en el juego el problema, ya que no había llegado a perder la seguridad económica. El problema que yo veía es que lo que iba descubriendo de la forma de ser de mi marido necesitaba de una terapia que va más allá de controlar el uso del dinero.

Trato de explicarme un poco mejor. El primer paso, una vez comenzada la terapia, fue ser consciente de que yo vivía con un hombre al que no conocía. Yo pensaba que tenía un príncipe azul, que pasaba una mala racha. Y fue muy duro saber que esa persona, además de tener grandes valores que en su día me enamoraron, es una persona egoísta, cobarde y mentirosa. Y que la promesa de que me iba a cuidar, respetar y querer se había convertido en que me traicionaba y mentía para jugar una y otra vez.

Claro, al lado de ese no-príncipe, había una no-princesa, que era yo. Me descubrí como un ser dependiente de mi marido y de la relación que tenía con él, voluble en mis emociones y con una terrible necesidad de controlar debido a mi inseguridad.

Verle a él y verme a mí, fue un trabajo duro. Soy consciente de que él tenía motivos en su pasado que le han llevado a “ser así”, de la misma forma que los tengo yo para “ser asá”. Pero lo que de verdad importa es qué motivos tengo ahora, en el presente, para dejar de ser de esa forma. Y me centro en mí. Porque la terapia se convirtió no en cómo le puedo ayudar sino en cómo puedo ayudar-me.

Hasta que no se va recuperando poco a poco la dignidad, no se sabe cuánto se ha perdido. Y eso es lo que más le puedo agradecer a Azajer, que por su insistencia en que somos cómplices del comportamiento de nuestras parejas (aunque no de sus adicciones), acudí a terapia, y me pude ver.

No al principio, claro. Cuando oía a mis compañeras pensaba “mi marido no es así”, “¿qué hago yo aquí?”, “¿qué sabrá ésa de lo que pasa en mi casa para hablarme así?”, “lo que mi marido y yo tenemos es especial”…y un sinfín más de ideas que seguro que se han repetido en las cabezas de más de una.

Y nuestro marido es muy parecido a sus compañeros, de la misma manera que nosotras somos muy parecidas a nuestras compañeras. Y todo lo que le aconsejaríamos a una de ellas, va para nosotras mismas.

Me di cuenta de que él nunca se mostraba arrepentido, ni del dinero que se había gastado, ni de las mentiras que decía, ni de las faltas de respeto, ni de faltar al compromiso…y en parte, es porque yo siempre le había excusado, y además había habido momentos en los que incluso me había parecido que lo que había hecho “no era para tanto”.

Por eso os animo a centrar el cambio en vosotras. Cuando estamos allí es nuestra oportunidad de dejar de hacer las cosas de una manera que no ha funcionado. Y si no ha funcionado, ¿para qué seguir? Nos dicen, “si el ludópata consigue salir adelante, no querrá una mujer como la que tenía”. Pero lo más importante es saber si queremos seguir en una experiencia de sufrimiento o ser responsables de nuestra vida.

El cambio que podemos conseguir está en nosotras. Ellos ya harán su propio trabajo. Que además hay profesionales que pueden ayudarles. No podemos seguir siendo cómplices de sus mentiras, excusándoles; ni de sus traiciones, perdonándoles todo. Así les mantenemos en un mundo irreal y nosotras cada vez nos hundimos más.

En el momento en el que yo le hice saber que no le dejaba pasar ni una mentira más, él descubrió que no está enamorado de mí. Si he ganado o he perdido no teniéndolo a mi lado tiene muchas lecturas. Pero SÍ QUE HE GANADO en el momento en el que he empezado a respetarme y a pedir a los que tengo alrededor que lo hagan.

Espero que esto os ayude, al menos a ordenar vuestras propias ideas y emociones.

De nuevo, mi más sincero agradecimiento a Azajer, y en especial a Esther.

Last modified on Miércoles, 10 Diciembre 2014 09:36