Atención telefónica:

Mañanas: Lunes - Viernes de 9:00 a 13:00
Tardes: Lunes - Jueves de 17:00 a 21:00

Viernes, 27 Marzo 2015 16:27

Date una Segunda Oportunidad

TESTIMONIO REAL DE VIDA DE UN JUGADOR

Comenzaré este texto como lo he hecho en tantas mañanas y tardes de terapia, presentándome. Mi nombre es Javier, tengo 34 años, aunque viviendo, realmente, serán unos 18 meses. Soy drogadicto y ludópata. Lo digo en ese orden simplemente por cronología, porque en le fondo todas las adicciones son iguales.

Cuando uno llega a la asociación suele ser porque le han pillado con el “carrito del helado”, le ponen un ultimátum y le exigen que cambie o se vuelve para casa de su madre. Ese fue mi caso.

droga_y_ludopatia

Considero que el fondo ya lo había tocado tiempo atrás, me estaba limitando a pasear por él, hasta que un día llamaron del banco para decirle a mi mujer que no le quedaba nada de dinero en su cuenta. Aún así, se me ocurrían 200 excusas y explicaciones inverosímiles por minuto para justificar esa falta de efectivo. De hecho, cuando ella me llamó para decirme que le habían “birlado” sus ahorros, yo salía de jugármelos en un salón. Pero hay cosas que son indefendibles. Cuando llegué a casa, con mi mujer delante, tardé del orden de 2 horas en confesar. Cuánto nos cuesta el afrontar las cosas como son, llamarlas por su nombre y echarle un par de narices a la vida. Estamos tan acostumbrados a mentir que se nos olvida lo fácil que es decir la verdad.

La imaginación de un adicto es realmente fascinante. Somos capaces de elaborar cualquier historia con objeto de salvar nuestro culo y seguir saciando nuestras necesidades. Hacemos gala de una memoria impresionante para ser capaces de cuadrar todas esas pequeñas y grandes mentiras sobre las que vamos construyendo nuestra vida. Vida que somos totalmente nulos para disfrutarla. Estamos en un universo paralelo al real. Vivimos por y para nuestra adicción, mientras los días, meses y años pasan… y seguimos sin tomar las riendas de nuestro propio camino.

En mi caso empecé a jugar bien pequeño. Ordenadores, consolas…era un mundo totalmente diferente. Dónde dándole a un botón o manejando un joystick eras capaz de ganar una copa del mundo o salvar a la raza humana. Esa adrenalina es parecida a la de la partida de rabino o mus en la facultad, en la que te juegas parte de los cuartos que tienes en lugar de estar en clase. Y se parece bastante a la “gustera” que llevas después de haberte metido unas cuantas rayas de “speed”. Y que decir de la emoción con la que ves un partido en el que te has jugado la nómina a que hay más de 3 goles. Pero de repente te quedas sin vidas en el videojuego, te cierran el rabino en la segunda vuelta, la pareja contraria lleva duplex y 31, llega el Martes y todavía no eres persona del bajón que llevas y resulta que en el partido sólo meten un gol y estás a día 3 y no tienes ni para un café. Todas estas sensaciones las he vivido mil y una veces a lo largo de los 15 años que llevo como adicto. Día tras día, año tras año. Era consciente de que lo que hacía no era normal, que seguramente tenía un problema, pero mientras vas drogado o estas jugando ese sentimiento lo entierras profundamente.

Mis inicios en la droga están asociados a una falta de personalidad total. Comencé una carrera que no quería hacer, rodeado de gente a la que no soportaba, estudiando cosas que me parecían inútiles… Lo más lógico hubiera sido dejarla y hacer algo por lo que sintiera pasión, o que por lo menos me gustara. Pero no, para eso había que echarle huevos y decir las cosas como eran. Incapaz. Busqué la salida más fácil. Me uní a nueva gente, en otra facultad, dónde pasaba gran parte del día y conocí otro mundo. Donde encajaba, me sentía aceptado, mi opinión era válida, mi estética no era rechazada y la droga era parte del menú. La fiesta y el descontrol eran mi nueva pasión. Vivía por y para que llegara el Jueves o el Viernes, y así mis problemas desaparecían no había frustración alguna. Todo eran risas, chicas y buena música. Todo, en el fondo, mentira.

Siempre he tenido descontrol de impulsos, como casi todos los adictos, esto me lleva a querer las cosas ayer mejor que hoy, a no saber decir basta ni pararme a pensar un solo instante. Ideal para entrar en el mundo del juego por internet, las apuestas concretamente. Fue el novio de una compañera de la facultad el que me dijo que había una página donde se podía apostar a partidos de fútbol, NBA, etc… Siempre me ha gustado mucho el deporte y seguía diversas ligas con lo que pensé que podría ser una alternativa para sacar algo de pasta fácil. Y así parecía. Pero sabemos que no es así. Cuando empiezas a perder quieres recuperar, estás convencido de que lo conseguirás además, pero vuelves a perder. Si alguna vez ganas, lo vuelves a perder. La impulsividad te impide tener la cabeza fría, y pierdes otra vez, y esta vez el doble, el triple, la nómina, robas a tu madre, pides un crédito, no lo puedes pagar, quieres recuperar todo de golpe y encima lo quieres ya, con lo que pierdes todavía más… es un bucle con un único final. La ruina, el dolor, la impotencia, la rabia, pensar en quitarte de en medio…

Pero hay esperanza, hay solución. El problema no es jugar, drogarse, comprar compulsivamente, beber… el problema reside en cómo has llegado a eso. Ahí es dónde hay que incidir. Si cambias tus hábitos y no cambias tu vida, tu raíz, no harás nada. Indaga dentro de ti, pregunta, busca, deshazte de lo que es inservible en tu vida, mándalo a paseo, sin miedos, aprende a decir que no, di lo que piensas y sobre todo, expresa lo que sientas. Comunícate con lo que te rodea, no te guardes nada, libérate de lo que llevas dentro, no tengas miedo de cambiar. Es tu vida, y es a tí a quien le corresponde equivocarse y acertar. Sé libre, y entonces podrás decir que has empezado a ser el dueño de tu nueva vida. Date una segunda opOrtunidad.

Last modified on Martes, 25 Agosto 2015 09:24